- “Antes decía que a las mujeres nos hermanaba el dolor, pero ahora creo que también nos hermana la resistencia y la fuerza”, señaló Vivir Quintana.
- Su libro Sobrevivir para la música está hecho desde la honestidad, que es el eje central de su obra.
Haide Ambriz Padilla / Torreón, Coahuila.
Fotografía: Vero Rivera
La cantante y compositora lagunera Vivir Quintana protagonizó uno de los encuentros más emotivos de la Feria Internacional del Libro Coahuila Laguna 2026, durante la presentación de su libro Sobre-vivir para la música, realizada en la Sala Magdalena Mondragón del Centro de Convenciones de Torreón.
Acompañada por la escritora y editora feminista Gabriela Rochín Navarro y el periodista cultural Saúl Rodríguez, la intérprete abrió al público una conversación íntima sobre su historia personal, sus raíces familiares, la música y el activismo feminista que ha marcado su trayectoria artística.
Reconocida como una de las voces más poderosas de su generación, Vivir Quintana ha construido una propuesta musical donde convergen el folk, la música regional y la ranchera con letras atravesadas por la libertad, la memoria, la poesía y la denuncia social. Su trabajo la ha llevado a compartir escenario con artistas como Mon Laferte, Aterciopelados y Caifanes, además de presentarse en países como México, Chile, España, Argentina, Colombia y Estados Unidos.
Durante la charla, Quintana recordó cómo nació su amor por la música desde la infancia, cuando sus padres improvisaron un pequeño escenario dentro de casa con una tabla de madera, una vieja cortina de baño y luces navideñas.
“Mis papás fueron grandes patrocinadores de sueños”, expresó la artista al relatar cómo, pese a las dificultades económicas, siempre buscaron apoyar sus inquietudes artísticas.
La cantautora también compartió el origen de Canción sin miedo, tema convertido en himno feminista internacional y coreado por millones de mujeres alrededor del mundo. Explicó que la canción surgió a petición de Mon Laferte para ser interpretada en el Zócalo de la Ciudad de México el 7 de marzo de 2020.
La composición nació en Francisco I. Madero, Coahuila, desde un profundo dolor personal provocado por el feminicidio de una amiga universitaria. “Yo tenía una canción que me urgía cantarle al mundo”, recordó.
Quintana afirmó que nunca imaginó el impacto global que tendría el tema, pero entendió que su alcance responde a una realidad compartida por mujeres de distintos países.
“Antes decía que a las mujeres nos hermanaba el dolor, pero ahora creo que también nos hermana la resistencia y la fuerza”, señaló.
La presentación también permitió conocer el proceso de creación de Sobre-vivir para la música, obra que reúne recuerdos, reflexiones y experiencias personales construidas desde la honestidad. La artista explicó que el libro nació a partir de las libretas donde escribió canciones y pensamientos durante años.
Fue entonces cuando Gabriela Rochín la impulsó a convertir esos textos en un libro. El proceso, confesó Vivir, tomó cerca de año y medio y estuvo acompañado de múltiples viajes, conciertos y momentos personales.
La cantante compartió una anécdota especialmente significativa ocurrida mientras escribía uno de los capítulos dedicados a sus padres. Recordó que, durante una visita familiar en Ciudad de México, terminó redactando fragmentos del libro junto a ellos, quienes corregían fechas, recuerdos y detalles de su infancia.
Entre risas, relató cómo su madre insistió en aclarar dentro del libro que era ella —y no su padre— quien inicialmente se oponía a que estudiara música. “Pon la verdad”, le dijo su madre mientras revisaban juntas el manuscrito.
La honestidad fue, según explicó la artista, el eje central de toda la obra. Su intención era mostrar que los sueños no se construyen desde la perfección, sino desde los tropiezos, las heridas y las contradicciones humanas.
En otro pasaje profundamente íntimo, Vivir habló sobre el peso de la herencia familiar y la memoria de sus ancestras. Reveló que investigando la historia de su familia descubrió que su bisabuela fue víctima de tentativa de feminicidio.
Ese hallazgo, aseguró, le permitió comprender muchas de las heridas emocionales y silencios que atravesaron a las mujeres de su familia durante generaciones. “Yo vengo de ahí también”, expresó.
La cantante recordó especialmente a su abuela, quien soñaba con dedicarse a la música pero no pudo hacerlo, debido a las restricciones impuestas a las mujeres de su época. “Las mujeres que tocaban música eran mal vistas”, relató.
Durante mucho tiempo, Vivir sintió culpa por alcanzar sueños que sus ancestras no pudieron cumplir. Sin embargo, explicó que aprendió a vivir su carrera artística como una forma de honrar la memoria de todas ellas. “Yo canto gracias a que mis abuelas trataron de cantar”, dijo conmovida.
La presentación también dejó espacio para momentos más ligeros y anecdóticos. Entre ellos, recordó sus participaciones infantiles en concursos de canto, donde vivió experiencias marcadas tanto por la ilusión como por la presión de los adultos.
Narró cómo en uno de esos concursos un padre inconforme acusó de fraude públicamente, mientras ella apenas tenía 11 años. Años después, coincidió nuevamente con aquella concursante en otros escenarios musicales, hasta llegar incluso a ser jurado de un certamen donde finalmente pudo otorgarle el primer lugar. “Esa historia nunca fue nuestra, era de los adultos”, reflexionó.
La charla cerró con una reflexión sobre el activismo y el autocuidado. Vivir Quintana aseguró que ha aprendido que la lucha feminista también requiere espacios de descanso, ternura y acompañamiento colectivo.
Asimismo, compartió cómo impulsó una transmisión especial en YouTube para reunir durante 24 horas todas las versiones de Canción sin miedo interpretadas alrededor del mundo cada 8 de marzo, generando un archivo colectivo de voces feministas.
Para la cantautora lagunera, más allá de las reproducciones o el reconocimiento internacional, lo verdaderamente importante ha sido descubrir que millones de mujeres continúan organizándose, resistiendo y cantando juntas frente a la violencia y las desigualdades.
La presentación de Sobre-vivir para la música terminó convertida en una conversación profundamente humana donde la música, la memoria y el feminismo se entrelazaron para recordar que las historias personales también son parte de la memoria colectiva.


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