- En México existen 21.2 millones de mujeres con al menos un hijo vivo, según cifras del INEGI del 2023.
- Con base en el INEGI, las mujeres que postergan la maternidad suelen tener mejores ingresos y mejores oportunidades laborales.
Haide Ambriz Padilla / Torreón, Coahuila.
La psicoterapeuta clínica y activista feminista Adriana Romo Salado es una de las voces más reconocidas en La Laguna en la defensa de los derechos de las mujeres, la salud mental y la perspectiva de género. Integrante fundadora de la Red de Mujeres de La Laguna, ha participado durante más de dos décadas en el acompañamiento psicológico y jurídico de mujeres víctimas de violencia, así como en la promoción de derechos sexuales y reproductivos.
Romo Salado es psicóloga clínica, psicoterapeuta infantil y cuenta con certificación en juicios orales en materia penal. Además, es especialista en atención psicológica a víctimas de violencia y ha desarrollado investigaciones y ponencias sobre maternidad, violencia familiar y derechos de las mujeres. Entre sus trabajos académicos destaca el análisis sobre el llamado “Síndrome de Alienación Parental” y su impacto en mujeres y menores, presentado en congresos de estudios de género en México.
Como activista, ha sido portavoz y representante de la Red de Mujeres de La Laguna en temas como feminicidio, aborto legal, violencia de género, derechos reproductivos y acceso a la justicia para las mujeres, participando constantemente en foros, medios de comunicación y espacios de análisis social en Coahuila y La Laguna.
La maternidad ha transitado, a lo largo de la historia de la humanidad, de ser un símbolo de veneración y poder femenino a convertirse, en muchos contextos, en una imposición marcada por estructuras patriarcales, económicas y sociales. Así lo explicó la psicoterapeuta Adriana Romo, quien realizó un amplio análisis histórico, psicológico y social sobre el significado de ser madre en la actualidad.
Romo señaló que, desde los inicios de la humanidad, cuando aparecieron el Homo sapiens y las primeras comunidades humanas, el embarazo era visto como un acontecimiento sagrado. La mujer, al ser la única capaz de dar vida, ocupaba un lugar de admiración dentro de las tribus y clanes.
“En aquel momento, como no se sabía nada de la reproducción biológicamente hablando, el hecho de que las mujeres pudieran dar vida era casi un empoderamiento. Eran colocadas en un lugar especial, cercano a lo divino”, explicó.
El INEGI reportó que en 2023 había más de 21.2 millones de mujeres mexicanas con al menos un hijo nacido vivo. El 68% de las mujeres mexicanas son madres. En México, alrededor del 68% de las mujeres ejerce la maternidad en distintas condiciones sociales y económicas. El 74.4% están casadas o en unión libre, el 7.3% son madres solteras y 15.3% están separadas o divorciadas.
Incluso recordó el libro: “Dios nació mujer”, del antropólogo español Pepe Rodríguez, donde se plantea cómo las primeras sociedades atribuían características sagradas a la maternidad.
La especialista destacó que, en esas etapas primitivas, la maternidad era valorada colectivamente y acompañada por rituales y ceremonias. Sin embargo, explicó que esta percepción cambió radicalmente con la aparición de la propiedad privada, las jerarquías sociales y los sistemas patriarcales.
“Cuando surge la propiedad privada, la maternidad deja de ser reverenciada y se convierte en una obligación ligada al capital y al patriarcado. Las mujeres pasan a ser vistas como reproductoras de herederos, soldados, mano de obra y poder”, afirmó.
La psicoterapeuta citó además la obra: “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, de Friedrich Engels, donde se analiza cómo las condiciones económicas transformaron la estructura familiar y el papel de las mujeres.
Romo explicó que, durante siglos, la maternidad se volvió una imposición social y cultural. En ese contexto, prácticas como la dote, los matrimonios arreglados y la reducción de las mujeres al ámbito doméstico limitaron sus proyectos de vida y autonomía.
Aseguró que muchas de esas estructuras continúan presentes actualmente, aunque de formas distintas. Puso como ejemplo matrimonios forzados, embarazos infantiles, maternidades no deseadas y violencia contra las mujeres en diversas regiones del mundo y de México.
“Todavía existen comunidades donde niñas son intercambiadas por animales o bienes materiales. Parecen prácticas del pasado, pero siguen ocurriendo”, lamentó.
La especialista también abordó el impacto emocional y psicológico de la maternidad en el mundo contemporáneo. Explicó que muchas mujeres enfrentan crisis existenciales al intentar equilibrar proyectos personales, laborales y familiares con las exigencias de la maternidad.
La maternidad impacta el desarrollo profesional, según datos citados por medios con base en INEGI muestran que las mujeres que postergan la maternidad suelen tener mejores ingresos y mejores oportunidades laborales. Además, muchas madres enfrentan empleos precarios y menores salarios
“En consulta, una de las frases que más escucho es: ‘ya no puedo, no sé qué hacer’. Son mujeres desbordadas, con culpa, agotamiento y sensación de fracaso”, comentó.
Indicó que las presiones sociales actuales han convertido la maternidad en una experiencia atravesada por la ansiedad, el estrés y la sobre exigencia, especialmente en un sistema económico que exige productividad constante mientras mantiene la carga de cuidados casi exclusivamente sobre las mujeres.
“La maternidad está sobrevalorada y profundamente romantizada. Muchas mujeres no encuentran espacios reales para disfrutarla porque viven bajo una vigilancia social permanente”, expresó.
Según cifras de la Secretaría de Gobierno de México, alrededor del 90% de las madres realizan trabajo doméstico y de cuidados, además de actividades remuneradas en muchos casos, esto impacta en: tiempo para estudiar, crecimiento profesional, descanso, salud mental y proyectos personales.
Romo subrayó que el trabajo doméstico y de cuidados continúa siendo invisibilizado, pese a representar una parte fundamental de la economía. Además, insistió en que la igualdad entre hombres y mujeres no será posible mientras no exista pleno derecho a decidir sobre la maternidad y una distribución equitativa de las tareas de cuidado.
“Las mujeres no podemos hablar de igualdad mientras no existan dos cosas: el derecho pleno a decidir a ser madres o no, incluyendo la interrupción voluntaria del embarazo, y que el trabajo doméstico y de cuidados sea compartido en partes iguales”, sostuvo.
Finalmente, la psicoterapeuta hizo un llamado a generar condiciones sociales, económicas y culturales que permitan a las mujeres ejercer una maternidad libre, consciente y sin imposiciones.
“Las mujeres necesitan tener la libertad real de decidir qué hacer con su vida, con su cuerpo y con su proyecto personal. La maternidad debe ser una elección, no una obligación”, concluyó.

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