El Festival “Entre flores y catrinas” cerró con la proyección de la película Coco, que reunió a más de 300 asistentes en una jornada dedicada a la convivencia familiar.

El director de Arte y Cultura, Héctor Escamilla Ávila, destacó que el cine es un puente entre la comunidad y el arte, especialmente en una ciudad sin salas cinematográficas, impulsando espacios públicos como foros culturales.

Bárbara González / Torreón, Coahuila.


El pasado domingo 02 de noviembre en el corazón de Lerdo, la noche se presentó con el acompañamiento del representativo Día de Muertos, sitio en el que debajo del viento y el frío del Parque Victoria, decenas de familias se reunieron junto con pequeños y frazadas, frente a una pantalla que proyectó la película Coco.

La función, realizada por Omar Ramón González, fundador de Cine Club Itinerante La Comarca marcó el cierre del festival entre flores y catrinas, una celebración del Día de Muertos, punto donde el cine se transformó en altar. Más de 300 personas asistieron a la proyección gratuita, convirtiendo el parque en un espacio donde la nostalgia y la alegría compartieron asiento.

Familias de todas las edades se dieron cita para disfrutar la proyección, pues niños arropados con frazadas por el frío, acompañados de dulces y papitas, mientras padres y abuelos compartían el momento aprese las risas iluminado por la pantalla.

“Queremos que Lerdo sea un punto de encuentro, un espacio donde la cultura florezca y las familias se reúnan”, expresó Héctor Escamilla Ávila, director de Arte y Cultura de Lerdo, al destacar la importancia de acercar el séptimo arte a una ciudad que carece de salas de cine.

La pantalla, reflejó la esencia de una comunidad que aún está en busca de entretenimiento y fomentar la cultura en la ciudad, así como la unión. Coco recordó a todos que la muerte no es concluyente, sino transitoria que mientras se pronuncie el nombre, y su trayectoria la historia sigue viva.

El público fue testigo de una velada donde el arte se volvió un vuelco puro. Víctor “Bicho” Gutiérrez, coordinador de promoción turística, se vistió de “Mamá Coco”, arrancando sonrisas y ternura a los asistentes más pequeños. “Queríamos que los niños sintieran que el cine también los abraza”, compartió.

El festival también incluyó una función previa el pasado domingo 26 de octubre en el panteón municipal de Lerdo, donde se proyectó una cinta de terror ante más de 600 asistentes. Pero fue Coco la que dejó la huella más profunda, una historia que reparte la idea de la identidad mexicana, recordando que los lazos familiares trascienden incluso con el tiempo.

En Lerdo, donde no hay cines comerciales, está vez la pantalla se volvió ícono. Una dedicación que cuando el arte, cuando se comparte, transforma los espacios y los corazones. Porque esta ocasión el cine, como la memoria, es una forma de no olvidar y difundir momentos en familia con la ciudadanía.

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