• La doctora en astrofísica Patricia Hernández, mejor conocida como Trish Luna, una divulgadora apasionada por acercar la ciencia y la tecnología a más personas.
  • Se graduó con Mención Honorífica de la Maestría en Astrofísica de la UNAM y es Medalla Alfonso Caso 2015.

Ana Sofía Orrante Rodríguez / Torreón, Coahuila. Corresponsal de E-Hawks 6199.

Fotos Fernando Torres.

La doctora en astrofísica Patricia Hernández, mejor conocida como Trish Luna, una divulgadora apasionada por acercar la ciencia y la tecnología a más personas. Trish estudió Física en la Facultad de Ciencias, UNAM. Se graduó con Mención Honorífica de la Maestría en Astrofísica de la UNAM y es Medalla Alfonso Caso 2015. Con un Doctorado en el Posgrado en Astrofísica en el Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM y trabaja en un proyecto sobre micrometeoritos, condritas y formación del Sistema Solar.

Es divulgadora de la ciencia desde el 2009. Es tallerista, conferencista, emprendedora y edutuber. Su investigación la ha presentado en diversos congresos internacionales que han tenido lugar en sitios como Tokio, Londres, Viena, Edimburgo, Chicago y Vancouver.

Ha dado conferencias en muchas escuelas y eventos masivos como Noche de las Estrellas, RecreaDay, E-CAT y Talent Land. Es cofundadora de Astrofísicos en Acción, proyecto que busca llevar la astronomía a toda Latinoamérica de una forma original y divertida. Además, lucha por tener un mundo con más mujeres en las áreas STEM.

“Amo el cosmos, me apasiona el teatro, la danza, la fotografía y el patinaje artístico”, comentó Trish Luna.

Su nombre artístico tiene un significado profundamente personal: Trish proviene de su nombre, Patricia, mientras que Luna es el segundo apellido de su padre, heredado de su abuela, con quien mantenía una conexión muy especial. Al adoptarlo, buscó conservar ese vínculo y reafirmar su identidad. Su madre también se llama Patricia, así que ella siempre fue Paty. Comenta que necesitaba algo propio, algo que la identificara. Luna es el apellido de mi abuela paterna y siempre fueron muy cercanas, esta fue una forma de mantenerla con ella.

Desde el inicio de su trayectoria, Trish ha inspirado a muchas jóvenes a creer en su potencial dentro del ámbito STEAM. Durante su formación universitaria notó que el entorno académico estaba mayormente liderado por hombres y que las mujeres debían esforzarse el doble para ser escuchadas. “Tienes que demostrar todo el tiempo que mereces estar ahí, y eso es algo que los hombres no suelen sentir”, reflexiona.

Aunque no ha vivido una discriminación directa, reconoce que los sesgos de género siguen presentes: desde la atención extra que algunos profesores ponen por ser minoría, hasta los prejuicios sobre lo que una mujer “debería” o “podría” hacer.

Hubo quienes le dijeron que no podría con la maestría o el doctorado, o que no iba a querer tener familia por ser científica. Son ideas que todavía se repiten.

Trish creció en un hogar donde nunca existieron etiquetas sobre lo que era “de hombres o de mujeres”. Ese apoyo incondicional de sus padres fue clave para que explorar su curiosidad científica desde temprana edad.

Su primer gran referente fue Julieta Fierro, pionera en la divulgación científica en México. A ojos de Trish y muchas mujeres y niñas, ella representaba la astronomía. Y nunca pensó que la ciencia no fuera para mujeres.

Sin embargo, el camino no ha estado exento de desafíos. En un momento de su vida, Trish atravesó un episodio de depresión que la llevó a mirar hacia adentro y priorizar su salud mental. Desde entonces, defiende la importancia del bienestar emocional como parte esencial de cualquier vocación científica. Reconoce que ir a terapia, descansar, comer bien, construir redes de apoyo, es tan importante como estudiar o trabajar.

El arte ha sido una de sus principales herramientas para mantener el equilibrio. “Bailar me salva. Es mi forma de liberar, de equilibrar la ciencia con el arte”, afirma.

Antes de decidirse por la ciencia, soñaba con ser actriz de teatro y cine. Cuando cambió de rumbo, prometió no dejar de lado esa parte artística. Desde entonces ha combinado ambas cosas: la danza y la divulgación. Para Trish, la creatividad no está peleada con la ciencia, al contrario, ambas se nutren y fortalecen. Su amor por la danza, el arte y la comunicación, le ha permitido conectar con diferentes públicos y demostrar que el conocimiento también puede expresarse de manera sensible y humana.

En su papel como divulgadora, Trish considera fundamental repensar la forma en que se enseña la ciencia desde las aulas. Comenta que los profes están haciendo un gran trabajo buscando otros recursos más allá de los libros, pero necesitamos fomentar el pensamiento crítico desde la infancia.

Para ella, los enfoques educativos que integran arte, tecnología y experimentación, como el modelo STEAM, son esenciales para despertar la curiosidad y motivar el aprendizaje autónomo.

A las niñas y jóvenes que alguna vez han sentido que la ciencia no es para ellas, Trish les deja un mensaje claro: “Pregúntense si realmente no les gusta o si solo les dijeron que no eran buenas para eso. Si sienten curiosidad, aliméntenla. Busquen, pregunten, investiguen. Hoy tenemos acceso a todo: redes sociales, libros, videos, IA, lo importante es no dejar de informarse.”

“Cuando uno alimenta la curiosidad, no desaparece, crece. Y es lo que nos mantiene vivos, con ganas de aprender. No estamos solas. Hay toda una red de mujeres siempre dispuestas a apoyarse mutuamente para que cada vez seamos más en las áreas STEAM”.

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