Por Luz Estefanía Hernández Martínez

Me contó que alguna vez, un hijo de alguna de sus pacientes tenía un perro. Uno al que no se le permitía entrar a la casa de sus dueños. A veces las mamás son muy cuidadosas con el orden y la limpieza de su hogar. Pero el joven metía al can a escondidas a su habitación, y la mamá lo sorprendió varias veces jugando y brincando encima de la cama. Ella no sabía que perdería a su hijo en un accidente, y mucho menos que el perrito sería el primero en notarlo. Lloró y aulló antes de que llegaran las noticias. Dice que es por el campo energético que poseemos las personas, que las mascotas son más sensibles a él. Que la madre está segura de que cuando el perro entra a su casa moviendo la cola y subiéndose a la cama, su hijo está ahí.

−Tengo la seguridad que cuando alguien fallece sigue con nosotros −, concluye Susana Dingler, reconocida tanatóloga de La Comarca Lagunera.

Susana Dingler, Tanatóloga. Foto: Jairo Gustavo Angulo Ramírez.

−¿Qué hace un tanatólogo?

−Al tanatólogo acuden las personas que tienen una pérdida significativa, que no nada más puede ser la muerte, puede ser una pérdida de salud, de empleo, de expectativas, de ilusiones, de todo lo que tenemos en nuestra vida como pérdida. Por ejemplo, en relación al COVID, estuvimos viviendo la pérdida de salir, de tener la libertad de acción de todo. Vivimos también lo que es la crisis que nos lleva la pérdida, la contenemos y nos enfrascamos en lo que es el duelo.

Durante el proceso de duelo se atraviesan cinco etapas; la negación, la ira, la depresión, el pacto-negociación y finalmente la aceptación. Un tanatólogo es un guía que orienta en los momentos más vulnerables del ser humano, sin necesidad de hacer un expediente clínico, como un psicólogo. Cuando hay un terremoto, una explosión, alguien cercano que murió en una muerte violenta, es decir, en un accidente, suicidio u homicidio, algo que no depende de las acciones de otra persona, y no se sabe cómo sobrellevar esa pérdida, se tiene que acudir a pedir la orientación en ese proceso doloroso de duelo.

−Cuando hay una muerte las personas necesitamos encontrar culpables o culparnos: No lo llevé, lo descuidé, no hice, cuando salió no le di la bendición, estaba enojada con él y ya no regresó, porque no vivimos pensando en que nos podemos morir.

Susana da pequeños tragos a su lata de Coca-Cola Light, pero eso no hace menos impactante las palabras que salen de sus delgados labios rojos. Observar que no vivimos pensando que nos podemos morir es algo que ha visto con sus más de 20 años de experiencia como tanatóloga, ponente y docente. Primero estuvo en el área hospitalaria atendiendo desde fracturas en el pie y cómo eso cambiaba la rutina de sus pacientes hasta oncología en la clínica No. 71 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) que también atiende a pacientes de otros estados de la República. En ese momento se interesó por incursionar en la tanatología forense, se preparó en la Procuraduría General de la República (PGR) y la desarrolló en el Servicio Médico Forense (SEMEFO) que todavía se encontraba en el sótano del Hospital Universitario de Torreón, durante la época de las violentas balaceras que se vivieron en la región.

−¿Cómo le hace para no verse afectada por todo lo que ve?

−Cuando veía los cuerpos decía: Puede ser mi hijo, mi hija, una hermana, un sobrino. Desde mi miedo les decía a mis hijos: Me da miedo que te vaya a pasar algo, me da miedo que estés en una intervención como estas, me da miedo porque no me gustaría sufrir lo que estoy viendo. Pero eso en lugar de deprimirme me hacía más fuerte, para luchar por el trato digno porque lo último que se nos olvida de la muerte es cómo murió y cómo lo vi… Entonces pensaba, si fuera él mi hijo, me gustaría que lo reconozcan dignamente.

Con ayuda de mucha espiritualidad, de acercarse al Dios amoroso y omnipresente en el que cree, Susana logró apaciguar el miedo de verse en el lugar de sus pacientes, y concentrase en brindar el mejor acompañamiento, sin miedo, sin destrucción y consciente de que si habla de muerte es algo desconocido pues no hay una ciencia que hable, ni alguien que haya regresado.

−Yo no oigo cosas agradables, hablo de dolor, y  no es fácil llegar en ese momento vulnerable, porque en las crisis hay personas que no les gusta ser tocadas, hay personas que no te escuchan, hay personas que te avientan, hay personas que les dicen que hay un tanatólogo y preguntan si se lo vamos a regresar (a la persona que falleció). Pues no, pero el tanatólogo te da herramientas para la vida, no para la muerte.

−¿Un consejo para la vida diaria?

−Yo siempre digo: Haz tu día de modo que si hoy faltaras, los demás extrañarían tu presencia pero que no se queden con el enojo de no le dije, no lo abracé, no me dijo que me quiere.

Los intensos ojos verdes de Susana sonríen, y acompañan la frase como han acompañado a cientos de personas que le están encontrando un sentido a su vida a pesar del sufrimiento.

La Tanatóloga Susana Dingler en su visita a UAL. Foto: Jairo Gustavo Angulo Ramírez.
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *