• En medio de ilustraciones digitales, memorias familiares y símbolos del subconsciente, Michell Sebastián Díaz Lúganos presenta una exposición que transforma emociones en una experiencia visual cargada de simbolismo y reflexión.
• La forma de los recuerdos, exhibida en el Museo de la Moneda, propone un recorrido emocional donde la vulnerabilidad, los recuerdos fragmentados y las preguntas sobre el amor y la identidad toman camino a través del arte contemporáneo.
Bárbara González / Torreón, Coahuila.
Una mano sosteniendo otra, una mirada congelada en el tiempo conteniendo un gesto tan pequeño que pasa desapercibido para todos, excepto para quien intenta reconstruir su propia historia a través de él. Desde ese lugar nace La forma de los recuerdos, la nueva exposición del artista visual Michel Sebastián Díaz Lúganos, inaugurada el pasado jueves 22 de mayo en el Museo de la Moneda.
La muestra, presentada en el marco del Día Internacional de los Museos, presenta un recorrido profundamente introspectivo donde el subconsciente, la memoria y la vulnerabilidad se convierten en materia visual. Entre diversas ilustraciones digitales, composiciones fragmentadas y figuras intervenidas, Michell Díaz fusiona y transforma experiencias personales en piezas que parecen construidas desde aquello que normalmente permanece oculto.
Lejos de intentar explicar cada obra de manera literal, el artista parte precisamente de la incertidumbre. “Muchas personas me preguntaban qué significaban mis dibujos y yo siempre respondía: ‘No sé, solo me salió’”, comentó Michell durante la inauguración.
Sin embargo, con el paso del tiempo comenzó a descubrir que sus imágenes hablaban de él incluso antes de que pudiera comprenderlas por completo. Una de las piezas que detonó el concepto central de la exposición fue Autopsia de una rana, una ilustración donde aparece una rana siendo diseccionada por manos quirúrgicas. Lo que inicialmente parecía una composición estética terminó revelándose como un autorretrato emocional.
“Me di cuenta de que estaba hablando sobre mi vulnerabilidad”, explicó. “Como si algo me estuviera abriendo y analizando sin que pudiera controlarlo”.
A partir de ahí, la exposición evolucionó hacia otro eje igual de íntimo: la memoria familiar. Michel relató que parte importante de la inspiración surgió después de observar antiguas fotografías encontradas por su madre. Entre ellas apareció una imagen de sus abuelos que marcó profundamente su proceso creativo, su abuelo con el brazo enyesado mientras su abuela le daba de comer y le sostenía la mano.
La escena lo confrontó con una versión de ellos que nunca conoció. “Yo siempre los vi distantes”, recordó. “Entonces encontrar una imagen así me hizo preguntarme si eso era amor o qué había pasado entre ellos”.
Ese cuestionamiento terminó trasladándose directamente a la obra. Los rostros pixelados, las figuras incompletas y las composiciones fragmentadas funcionan como una representación de una escena que parecía sencilla, pero para el artista fue desconcertante. Nunca había conocido esa versión de ellos, pues nunca había visto ese tipo de amor entre ambos. En su memoria existían distantes, silenciosos, casi ajenos.
Sin embargo, aquella fotografía revelaba otra historia, una ternura escondida bajo el desgaste del tiempo.
“Me hizo preguntarme qué era realmente el amor”, relató.
Y entonces ocurre algo profundamente humano dentro de su obra, Michell no intenta responder, prefirió habitar la duda.
Por eso los rostros aparecen pixelados, no solo para proteger identidades de sus familiares, sino porque los recuerdos nunca son completamente nítidos. Recordar también es deformar, inventar o hasta rellenar vacíos, el reconstruir personas que tal vez nunca conocimos del todo.
En una de las piezas, el artista descubrió después que había pintado a su abuela más grande que a su abuelo. Pensó que era composición, menciona que más tarde entendió que quizá se trataba del peso emocional que ella dejó en su vida.
Durante la ceremonia inaugural, el arquitecto Alejandro González Enríquez destacó la importancia de abrir espacios para jóvenes artistas que trabajan desde nuevas narrativas visuales.
“Fue una experiencia muy emocionante ver sus propuestas”, expresó. “Son piezas innovadoras y refrescantes a la vista”.
Asimismo, el artista y docente de la UAL Alfredo Cortés, resaltó la evolución técnica y conceptual de Michell Díaz, a quien conoce desde la infancia.
“Siempre dibujó sin miedo”, señaló. “Ahora su trabajo tiene una línea mucho más limpia y sintética, pero emocionalmente muy poderosa”.
Lejano de la técnica, La forma de los recuerdos encuentra su fuerza en la honestidad emocional con la que está construida. Cada pieza parece abrir una conversación sobre aquello que las personas heredan emocionalmente, es decir, los recuerdos ajenos, silencios familiares, versiones incompletas del amor y preguntas que nunca terminan de responderse.
La exposición permanecerá abierta hasta el próximo 21 de junio del 2026 en el Museo de la Moneda, en horario de martes a sábado de 10:00 de la mañana a 6:00 de la tarde.

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