• Maestro de la carrera de Artes Visuales de la UAL.
  • Promotor del grabado en La Laguna, influenciado por los más grandes su propuesta artística está plasmada de sentido social.

Haide Ambriz Padilla / Torreón, Coahuila.

La Universidad Autónoma de La Laguna despide a uno de sus docentes más entrañables y respetados. El maestro Alonso Licerio Valdés, profesor de Artes Visuales, grabador, pintor y promotor cultural, falleció el pasado 2 de julio de 2026, dejando un legado que trasciende los salones de clase y se inscribe en la historia del arte lagunero. Durante décadas, su pasión por la enseñanza y su compromiso con la formación de artistas hicieron de él un referente indispensable para generaciones de estudiantes universitarios y creadores de la región.

Originario de Ciudad Lerdo, Durango, donde nació el 19 de marzo de 1941, Licerio descubrió desde niño su vocación artística. A los doce años tomó sus primeras clases de grabado en la Casa del Lago de la Ciudad de México, experiencia que marcaría el rumbo de una vida dedicada al arte. Más tarde ingresó a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado «La Esmeralda», del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), donde se formó en pintura, dibujo, escultura, grabado, teoría e historia del arte.

Influenciado por el muralismo mexicano y por figuras como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Aurora Reyes y Rufino Tamayo, el maestro Licerio desarrolló una propuesta artística con un profundo sentido social. Su obra encontró en el grabado una herramienta para acercar el arte a la comunidad, convencido de que la cultura debía compartirse y estar al alcance de todos.

Su nombre quedó ligado para siempre al desarrollo de la gráfica en la Comarca Lagunera. Fue considerado uno de los precursores del grabado contemporáneo en la región, impulsando desde la década de los setenta la creación de talleres que formarían a decenas de artistas. Fundó el Taller de Grabado de la Casa de la Cultura de Gómez Palacio en 1973, colaboró en la creación del taller de la Universidad Iberoamericana Torreón, participó en el colectivo El Chanate, promovió la creación de La Casa del Artista y hasta sus últimos años, coordinó el Taller de Grabado del Centro Cultural José R. Mijares.

Su vocación docente trascendió los talleres y galerías. Como profesor de Artes Visuales en diversas instituciones de educación superior, entre ellas la Universidad Autónoma de La Laguna, compartió con sus estudiantes no solo conocimientos técnicos, sino una profunda visión humanista del arte. Para el maestro Licerio, enseñar significaba sembrar sensibilidad, pensamiento crítico y compromiso social, principios que transmitió con generosidad a lo largo de su trayectoria.

Sin embargo, uno de los capítulos más significativos de su trayectoria fue el que escribió como docente de la Universidad Autónoma de La Laguna. En las aulas de la UAL compartió mucho más que conocimientos técnicos: enseñó a observar, a interpretar la realidad a través del arte y a comprender el valor de la disciplina, la sensibilidad y el compromiso social. Sus estudiantes recuerdan a un profesor generoso, paciente y siempre dispuesto a orientar a quienes encontraban en el arte una forma de transformar su entorno. Su influencia permanece en los proyectos, exposiciones y carreras profesionales de numerosos egresados que hoy continúan difundiendo la cultura en México.

La comunidad cultural de La Laguna ha coincidido en reconocer que la mayor obra del maestro Alonso Licerio no fueron únicamente sus grabados, sino las personas que formó. Tras conocerse su fallecimiento, artistas, gestores culturales y exalumnos compartieron testimonios sobre el impacto que tuvo en sus vidas. El escultor José Luis Ponce recordó que fue Licerio quien lo motivó a no abandonar el camino del arte; mientras que el muralista Gerardo López «Caporal» destacó que cada conversación con él se convertía en una auténtica lección de historia del arte y de vida.

En enero de este año, durante un homenaje que recibió por su trayectoria, el maestro resumió su filosofía con una frase que hoy cobra un significado especial: «No me considero un artista; soy un trabajador de la cultura». Esa humildad lo distinguió hasta el final de sus días y explica por qué su figura trascendió el ámbito académico para convertirse en patrimonio cultural de la Comarca Lagunera.

Hoy, la Universidad Autónoma de La Laguna y la comunidad artística despiden a un maestro cuya vida fue ejemplo de entrega, creatividad y servicio. Su obra permanecerá en museos, galerías y colecciones; pero, sobre todo, seguirá viva en cada estudiante que descubrió, gracias a él, que el arte también puede ser una forma de educar, transformar y dejar huella.

Descanse en paz, Maestro Alonso Licerio Valdés (1941–2026). Su obra seguirá dialogando con las nuevas generaciones, recordándonos que la cultura es un patrimonio que se construye compartiendo conocimiento, sensibilidad y humanidad.

Su legado permanecerá para siempre en la historia del arte lagunero y en el corazón de quienes tuvieron el privilegio de aprender de él.

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