- El músico y productor lagunero Ángel Soto Núñez, conocido como Ann Núñez, habló de su trayectoria, formación musical y evolución creativa.
- Habló de la coherencia sonora, la preparación artística y el acompañamiento creativo como ejes fundamentales de su trabajo en Maia Records.
Bárbara González / Torreón, Coahuila
Contactando a Ángel Núñez, músico y productor originario de La Laguna, conocido artísticamente como Ann Núñez, cuyo trabajo parte de una idea poco común en la industria musical actual, escuchar antes de crear. Para él, la música no nace de un proceso sistemático, sino de una emoción que todavía no encuentra palabras o de una idea que necesita tiempo para tomar forma. Desde esa pausa consciente, su conocimiento sonoro se construye con intención y sensibilidad.
Con 31 años y un camino musical que inició desde muy joven, Ángel Soto Núñez ha transitado por distintas etapas que han marcado su manera de entender el arte y la creación. A los 18 años formó parte de Rojo Carmesí, una banda de rock alternativo y hard rock con la que pasó alrededor de seis años interpretando temas originales dentro y fuera de la región, experiencia que le permitió conocer el escenario, el trabajo colectivo y la disciplina necesaria para sostener un proyecto musical.
Sin embargo, fue en 2020, en medio del aislamiento provocado por la pandemia, cuando su búsqueda creativa tomó un giro más íntimo y personal, dando paso a una visión donde la música se piensa, se cuida y se construye desde lo esencial.


El encierro, las relaciones fallidas y las emociones no resueltas dieron origen a Ann, un proyecto indie-folk que nació más desde la necesidad emocional que desde una estrategia artística. “Era una forma de expresar cosas que no había trabajado”, explica.
Su nombre artístico es una síntesis directa de su identidad: Ann, por Ángel Núñez. La música lo ha acompañado desde la infancia. A los nueve años asistía con su familia a ver tocar a su tío en Imagina, una banda tributo a The Beatles de la Comarca Lagunera.
Entre canciones de los sesenta, setenta y ochenta, comenzó a formarse su oído. A los doce años inició clases formales de música y lo que era curiosidad se convirtió en vocación.
Aunque comenzó estudios en la Licenciatura en Música en la Universidad de Veracruz, su formación se consolidó a través de diplomados en historia de la música, solfeo, chelo, composición y armonía, tanto en el Instituto de Arte Integral de La Laguna como con figuras clave de la región, entre ellos el maestro Armando “El Cuti” Martínez. Gran parte de este camino lo recorrió de manera independiente, costeando sus estudios desde la adolescencia, tocando donde fuera necesario para seguir aprendiendo.
Esa experiencia le permitió entender la música no solo como creación, sino como acompañamiento. De ahí nace Maia Records, un estudio de grabación que inició como Soto Garage y que, con el tiempo, tomó forma, identidad y propósito. Maia, una de las estrellas más brillantes de la constelación de Tauro, llegó a él en un sueño y terminó nombrando un espacio creativo que hoy acumula casi una década de exploración sonora.



Su filosofía parte de una idea central que es la coherencia. Para Ángel se trata de imponer sonidos, sino de traducir, transformar y comprender emociones. “Si una letra habla de vacío, el sonido debe respetarlo”, explica. Su trabajo como productor consiste en entrar al universo del artista, comprender su intención y ayudarle a convertir una idea abstracta en una obra con sentido.
El proceso es cuidadoso y ordenado, primero se define la intención, después la sonoridad, las texturas y los instrumentos adecuados. Luego vienen la grabación, la edición, la mezcla y la masterización. “Como en el cine, cada elemento cumple una función; nada está colocado al azar”, mencionó Ángel.
Este enfoque ha transformado a Maia Records en un espacio seguro para crear, donde los artistas pueden experimentar sin ser encasillados. Ángel sostiene que la música contemporánea se mueve desde la fusión de géneros y que el papel del productor no es limitar, sino guiar. Por eso insiste en la preparación, el estudio y la conciencia artística como bases del trabajo creativo.
Hoy, con más de una decena de proyectos en proceso, ha puesto en pausa su carrera como solista para enfocarse en impulsar a otros. No lo ve como una renuncia, sino como una inversión a la experiencia, oído y sensibilidad que, con el tiempo, regresarán a su propia música con mayor claridad.
“Todos tenemos derecho a soñar”, afirma citando a Gustavo Cerati. Mereces lo que sueñas. Pero también recuerda que soñar implica trabajo, pausa y honestidad con uno mismo. Porque cuando una canción logra conectar, no siempre es por lo que dice, sino por la forma en que hace sonar aquello que no sabe explicarse.




Excelente reportaje, que bien que se hable de creadores y artistas de la región y se exalte el trabajo de ellos.