• Su conexión con el béisbol nació desde la cuna. Quiere estar en la cancha, en la acción, detrás del lente o de la palabra., contando historias deportivas.
  • Su sueño inmediato: trabajar en un club de la Liga Mexicana de Béisbol.

Jaasiel Vargas/ Torreón, Coahuila.

Si algo define a “Arelí Meraz”, es que no acepta un “no” como respuesta. Es inquieta, determinada y con una voz fuerte en el mundo deportivo, a pesar de que alguna vez pensó que no era su camino, hoy resuena su voz y su pluma con fuerza en el ámbito del periodismo deportivo.

Alumna a punto de egresar de la licenciatura en Comunicación y Periodismo por la Universidad Autónoma de La Laguna, Arelí no duda en resumir su vida universitaria con cuatro palabras: error, aprendizaje, diversión y amistades. Y es que su camino no ha sido lineal, pero sí auténtico. Llegó a la carrera pensando en salir en televisión, pero con el tiempo, su enfoque cambió: su amor por el béisbol y la lucha por destacar en un espacio dominado por hombres, la llevaron a perseguir un sueño más grande: contar historias del deporte que ama.

Su conexión con el béisbol nació desde la cuna. Uno de sus tíos fue jugador profesional, y desde bebé Arelí creció viajando entre estadios. A los siete años entendió el juego, y desde entonces no ha dejado de apasionarse por él. “Hasta la fecha sigo aprendiendo del béisbol”, afirma con la misma emoción con la que habla de sus mejores recuerdos en la universidad.

Uno de esos recuerdos inolvidables fue realizar sus prácticas profesionales con los Algodoneros, justo en la temporada en que el equipo llegó a la Serie del Rey, después de muchos años de ausencia. Estar ahí no solo fue una oportunidad profesional: fue la confirmación de que su lugar estaba en las gradas, en la cancha, en la acción… pero detrás del lente o de la palabra.

A pesar de su carácter fuerte y profesional, Arelí no oculta su lado más humano. Se describe como una persona muy sensible en lo personal, aunque firme y valiente cuando se trata de su rol como comunicadora. Esa dualidad ha sido parte clave en su evolución. Enfrentó retos desde el inicio: al venir de una preparatoria de dos años, entró más joven a la universidad y se enfrentó al prejuicio de quienes pensaban que su edad le impediría estar a la altura. Pero Arelí se dedicó a demostrarse —y demostrar— que podía con todo.

Uno de los pilares fundamentales en su desarrollo fue la docente Haide Ambriz Padilla, encargada del periódico Voces del Desierto. Al principio, Arelí no quería saber nada de la escritura. “Era muy socarrona”, como ella misma lo dice. Pero la maestra Haide vio algo en ella. La empujó, la motivó, la desafió. Y cada vez que Arelí se aleja de la escritura, ahí está Haide, recordándole que tiene algo que decir.

“Mis Haide siempre me vuelve a acercar a la escritura. Siento que vio algo en mí, que yo no quería ver.”— Arelí Meraz

Gracias a su paso por medios como el periódico, y a todo lo que aprendió en sus últimos semestres —que asegura que repetiría si pudiera—, Arelí encontró su pasión en la fotografía deportiva, sin dejar de lado el periodismo escrito, ni la posibilidad de un futuro frente a la cámara.

Su sueño inmediato: trabajar en un club de la Liga Mexicana de Béisbol, y más adelante, en uno aún más grande. Aunque también tiene claro que no quiere cerrarse a nada.

Detrás de su seguridad está el respaldo de su familia, especialmente su mamá, quien nunca la deja sola y ha sido su mayor apoyo. Al principio, no todos comprendían sus decisiones, pero el amor y la dedicación que Arelí ponía a cada paso, fue ganándose la confianza de todos. Incluso su grupo de amigos, en su mayoría hombres, ha sido una fuente constante de fuerza y cariño, a pesar de los prejuicios.

Arelí Meraz cierra su etapa universitaria con la convicción de que su historia apenas comienza. Una historia que no busca imitar a nadie, sino escribirla a su manera. Con la cámara al hombro, el corazón en la crónica y el béisbol como brújula, está lista para demostrar que no hay edad, género ni obstáculo, que pueda frenar a una mujer que sabe lo que vale.

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